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¿Eres esclavo de tu emprendimiento?


Mi querido emprendedor, déjame decirte que no estás solo. Esta es una de las quejas más comunes de quienes iniciaron su propio negocio o de quienes están a su alrededor.

Cuando comenzamos un emprendimiento, muchas veces nos motiva el ánimo de tener libertad, tanto de tiempo como financiera. Y muchas veces nos encontramos que nuestra empresa se convierte más bien en algo que nos atrapa y nos deja justamente sin la anhelada libertad.

Esto es lo que llamo la trampa del emprendimiento. A lo que me refiero es a que aquello para lo cual iniciamos la empresa se convierte exactamente en lo contrario. ¿Y cómo la rompemos? Pasando de operadores a dueños.

Llamamos operativas aquellas labores relacionadas directamente con la operación. Un operador típicamente es aquel que hace las actividades de producción del producto o servicio que ofrece su negocio. También puede estar dedicando el grueso de su tiempo a labores administrativas pues eso es lo que le gusta o lo que sabe hacer.

Un dueño dedica su tiempo a pensar y hacer aquello que le aporta mayor valor a su negocio. Se concentra en lo estratégico, es decir, en lo que va a cambiar su empresa desde lo que es hoy a aquello en lo cual quiere que se convierta.


La diferencia es que uno usa su tiempo para producir un bien o servicio y el otro para crear un sistema que produzca bienes y servicios.


Ser operador no tiene nada de malo per se. De hecho, es la forma como muchos emprendimientos comienzan y además es lo que muchos emprendedores deben hacer la mayor parte de su tiempo. Me explico, si eres el que tiene el toque especial, la receta secreta, el don o talento particular, sin duda eso es parte de lo que hace a tu producto o servicio tan especial. El problema surge cuando usamos únicamente ese papel y dejamos de lado el de creador del sistema.


Si tu caso es el de artesano o artista de tu producto o servicio, en el sentido más amplio de la palabra (puede ser un profesional de algún oficio, técnico, profesional de la salud o cualquier actividad que requiera el empleo de una capacidad, habilidad o talento particular), te invito a pensar en formas de replicar eso haciendo consciente y sistematizando la metodología que usas. Todos tenemos algún método de hacer las cosas, lo sepamos o no. Piensa entonces cuáles son los pasos que das, la forma en que trabajas o cómo te organizas. Descubre qué te hace diferente de otros y comienza a mapearlo. Hay expertos en desarrollo de metodologías que pueden ayudarte en ese proceso. Una vez vayas haciendo consciente y mapeando tu método (no esperes a que esté perfecto para avanzar, siempre será mejorable, usa la primera versión intuitiva como punto de partida), podrás entonces enseñarlo a otros y delegar en todo o en parte algunos de los pasos de la producción.


Y si realmente no quieres entregarlo pues eso es lo que realmente disfrutas, no pasa nada. Simplemente puedes aliarte con alguien cuyas habilidades sean las que tú no tienes tan desarrolladas. Si tu te enfocas en producción, generarás más valor que si dispersas tus esfuerzos.


El hombre avanzó cuando descubrió la división del trabajo, eso nos permitió ser mucho más productivos. Esos principios también se usaron en la revolución industrial y en la era de la informática. Ahora que ya estamos en la cuarta revolución industrial y que la inteligencia artificial asumirá más y más las tareas que sean automatizables, no podemos seguir pensando y actuando como en eras anteriores. Necesitamos actualizarnos y asumir que esos cambios acelerados ya están aquí y que para que podamos llegar a nuestro siguiente nivel, nos toca aceptarlos, abrazarlos y aprenderlos a usar a nuestro favor.


Libérate de la trampa del emprendimiento desarrollando tu mentalidad de dueño. ¿Cómo? Como hacen los que crean sistemas que trabajan para ellos. Dedicándose a aquello que ellos mejor saben hacer y delegando el resto. Si soy poco eficiente haciendo determinada tarea, le sale muy costoso a mi negocio que yo me dedique a eso.


Pensemos en costo beneficio. Por cada hora que le dedico a una actividad de bajo valor agregado, que otro puede hacer mejor que yo o que me quita tiempo para hacer lo que mejor se hacer, estoy destruyendo valor. ¿Qué hacen los inversionistas activistas? Generan presión para que las empresas se hagan más eficientes y les den mayores retornos a la inversión que tienen allí. ¿Qué hace un Venture Capital? Busca la manera más efectiva de gestionar un negocio para maximizar su valor. ¿Acaso hay algo que te impida usar los mismos principios? Realmente no.


La función básica de todo CFO es maximizar el valor al accionista. Si tú eres accionista de tu empresa, exigirás a tu CFO que haga el mejor uso de los recursos que has invertido en el negocio. ¿Qué te impide hacerlo? Probablemente la respuesta está en la mentalidad de operador con la que solemos manejar nuestro negocio. Piensa como dueño y comenzarás a generar cambios fundamentales en la forma como organizas tus actividades y eso generará la transformación que tu negocio necesita para convertirse en un sistema que trabaje para ti y te de la libertad financiera y de tiempo que anhelabas cuando comenzaste.


¿Necesitas ayuda? Estoy a tu disposición cuando te decidas a acelerar ese recorrido.


Solo avanza!



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